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Rebeca Font: de la bronquiectasia a las cimas más altas de Cataluña

8/Sep/2025 | Actualidad, Bronquiectasias | 1 Comentario

Rebeca Font, paciente con bronquiectasia desde la juventud, era una persona activa hasta que una situación de estrés laboral la llevó a quedarse con apenas un 20% de capacidad pulmonar a los 46 años. Volver a ponerse en marcha no fue fácil, pero lo consiguió: con constancia y entrenamiento ha logrado ascender a la cumbre de algunas de las montañas más altas de Cataluña y ahora planea extender su radio de acción a Marruecos e incluso el Nepal. Su historia es toda una inspiración para quienes sufren enfermedades respiratorias crónicas: “Con el ejercicio he pasado a tener una capacidad pulmonar media de 60 o 65%. ¡Me lo he currado!”. 

¿Cuál fue el problema de salud que te hizo quedarte con sólo un 20% de capacidad pulmonar? 

No fue la patología respiratoria que tengo, la bronquiectasia. Lo generó una situación de estrés laboral que me llevó a estar un mes sin apenas dormir y me dejó agotada. Los cuatro meses siguientes no pude hacer deporte por el cansancio y me pasaba el día o en la cama durmiendo o sentada en la oficina, ya que tenía un trabajo de administrativa. Ese tiempo sin actividad física hizo que mi salud respiratoria se deteriorase muchísimo. 

¿Hacías ya deporte, o cambiaste después de esta circunstancia?

Siempre he sido una persona activa. Las bronquiectasias me las diagnosticaron con 20 años, aunque empecé a tener síntomas en la preadolescencia. De los 6 a los 16 años, hice balé clásico. Una vez empecé a trabajar, me apunté al gimnasio, hacía máquinas, aerobic o natación, y a los 30 llegaron a mi vida casi a la vez el yoga y la montaña. Pasados los 30 años, empecé a bailar salsa y retomé el balé. Hoy, caminar por la montaña o practicar yoga no es sólo algo que disfruto, sino lo que mejora mi estado físico, mental y emocional. 

¿Por qué te decidiste por el trekking como deporte? 

Además de aportarme un beneficio de mejora física y de mejorar a nivel pulmonar, me reconecta conmigo misma, como el yoga. Por otro lado, me permite conocer la zona donde están situadas las rutas y cimas, ya sean pueblos o lugares de interés. La montaña me aporta calma, claridad y consciencia de que soy parte de la naturaleza. 

¿Cuáles han sido las cimas más difíciles o espectaculares que has podido alcanzar? 

No sé si decir cuáles son las más difíciles, pero sí las que más me han impactado. La primera cima que hice fue el Noucreus (2.799m), en 2008. Por circunstancias de la persona que me acompañaba, acabé subiendo sola a la cima, y me impresionaron tanto las vistas desde la cumbre. Volví a subir a esa cima en un par o tres de ocasiones. En el mismo verano intenté hacer el Carlit (2.921m), pero no llegué a la cima. Años más tarde volví a intentarlo con el Club Excursionista de Gracia y alcancé la cima. El 8 de marzo de 2024 hice el Costa Pubilla (2.056m). No es una cima muy alta pero justo casi llegando arriba nos sorprendió la nieve, el viento, el frío… Fue una experiencia más de montaña invernal, que no es lo que suelo buscar. Era el Día de la Mujer y lo dediqué a todas las mujeres que se esfuerzan por llegar a sus cimas, porque siempre digo que la montaña es una metáfora de la vida. El Canigó (2.785m) también tiene un significado especial. En dos días hice 4.000 metros de desnivel acumulado, algo que para mí fue un reto enorme, no lo había hecho ni en mis mejores tiempos. Y no puedo olvidar el Pedraforca, en 2012, por el camino más difícil. Dije que nunca más volvería, pero, como dicen, «nunca digas nunca jamás»: hace unas semanas volví a subir al Pollegón Superior (2.506m) por el camino considerado más fácil, que tiene su dificultad.

¿Cuáles son tus objetivos para 2025? 

El año pasado mi objetivo era hacer el Canigó y lo conseguí, cosa de la cual estoy muy orgullosa, y este año 2025, mi objetivo es el Toubkal (4167m). Mi intención era hacerlo este verano pero temas de salud, que no tienen nada que ver con mi patología respiratoria, sino un tema cervical y espalda, en otoño del año pasado, y un tema de lumbalgia, en invierno, y que nevó mucho durante este inviermo-primavera, y algunos retos previos se fueron retrasando, y todavía los tengo pendientes, y la ola de calor de calor de este verano, no he estado en las condiciones para intentarlo. Durante lo que queda de año quiero ir completándolos, y si no es posible, ya lo intentaré el año que viene. Tengo claro lo que quiero conseguir y los pasos para llegar a ello pero no me agobio y fluyo con las circunstancias que van surgiendo. En el año 2012, quise pasar de hacer apenas cimas de casi 3.000m a hacer un 5.500m en el Nepal, y llegué a 4.620 metros… Este proyecto «Catalunya-Toubkal-Nepal», en el que quiero volver a intentar hacer el Kala Patthar, lo quiero hacer paso a paso, con más consciencia y preparación, teniendo en cuenta lo vívido hace seis años, cuando me quedé al 20% de capacidad pulmonar, y lo vivido en el año 2012, en el Nepal.

¿Qué te proporciona el deporte en relación con tu patología respiratoria? 

La montaña me mantiene activa a un nivel más alto, lo que me ayuda a mejorar de una forma importante. Me permite trabajar la resistencia de forma progresiva y fortalecer tanto mi condición física como la parte más mental y emocional que, aunque a veces no seamos conscientes, influye directamente en la salud física y en el desarrollo de enfermedades. Todo esto me motiva para seguir entrenando. 

 ¿Ha mejorado tu salud gracias al ejercicio físico que realizas? 

Sí. He pasado de estar a un 20% de capacidad pulmonar a pasar a una media del 60-65% en los últimos dos años. Incluso en el TAC que me hicieron el año pasado se observó que las bronquiectasias habían mejorado respecto al anterior. Según me comentaron mi neumóloga y otras personas del ámbito sanitario, es algo que no suele pasar en mi patología, que ya podía estar contenta, añadiendo que me lo había currado. 

¿Cómo puede superar un paciente respiratorio el miedo o inquietud que le puede generar pensar en comenzar a hacer deporte, en vista de sus circunstancias de salud? ¿Qué le recomendarías? 

Tiene que partir desde el punto donde está e ir avanzando poco a poco, escuchando el cuerpo, respetando el propio ritmo y adaptando la actividad a cómo se sienta cada día para ir cogiendo confianza, superando pequeños retos. Hace seis años tuve que empezar de cero, estaba más muerta que viva con un 20% de capacidad pulmonar y un agotamiento importante. Puede ser útil comenzar con mindfulness o algún otro tipo de terapia que ayude a cambiar las creencias sobre uno mismo, la salud y los límites. Y no hay que compararse con nadie ni dejarse llevar por opiniones limitantes del entorno. Hace años, mucho antes de quedarme a tan baja capacidad pulmonar, mi madre me llegó a decir: «No entiendo cómo, teniendo lo que tienes, puedes hacer esto». Recomiendo contar con apoyo profesional de un psicólogo o un entrenador cuando sea necesario y celebrar cada progreso. Ayuda a que la motivación crezca. 

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1 Comentario

  1. Marta Compte Coll

    Moltes felicitats pel teu esforç i constància.

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