El asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en todo el mundo y, sin embargo, sigue siendo poco conocida por una parte importante de la sociedad. En España, afecta aproximadamente al 5% de la población adulta y a entre el 10% y el 12% de los niños y niñas. Más allá de las cifras, el asma tiene un impacto real y constante en la vida de quienes la padecen. Con motivo del Día Mundial del Asma, que se conmemora cada segundo martes de mayo, Fenaer pone en marcha la campaña en redes sociales “Vivir con asma no es un límite”, con la que pretende visibilizar la realidad de esta enfermedad en España y reclamar mejoras urgentes en su abordaje. La acción cuenta con el apoyo no condicionado de las compañías Chiesi, Sanofi, AstraZeneca y GSK.
Se trata de una enfermedad que no siempre se ve. En la mayoría de los casos no presenta signos externos evidentes, de modo que una persona con asma puede estudiar, trabajar o desarrollar su vida cotidiana mientras convive con una inflamación crónica de las vías respiratorias que altera su respiración, su descanso y, en ocasiones, su capacidad para realizar esfuerzo físico.
Un impacto que va más allá de la respiración
Cuando el asma no está bien controlada, limita. Puede reducir la actividad física, condicionar el rendimiento laboral o académico y afectar también al bienestar emocional. La incertidumbre ante la posible aparición de síntomas o crisis genera, en muchas personas, una sensación de vulnerabilidad que forma parte de la enfermedad, aunque no siempre se perciba desde fuera.
En la infancia, el impacto puede reflejarse en absentismo escolar, dificultades para seguir el ritmo habitual de la actividad física y, en algunos casos, restricciones innecesarias en la vida diaria. En la edad adulta, el asma no controlada puede interferir en la rutina, en el descanso nocturno y en la calidad de vida en general.
Inequidad e infradiagnóstico
Uno de los principales desafíos sigue siendo el infradiagnóstico. Muchas personas conviven con síntomas compatibles con asma sin tener un diagnóstico confirmado, especialmente cuando las molestias aparecen de forma intermitente o se confunden con otras afecciones respiratorias.
Esto tiene consecuencias directas: si no se diagnostica, no se trata. Y si no se trata de forma adecuada, aumentan las posibilidades de sufrir síntomas evitables, crisis, visitas a urgencias y una pérdida progresiva de calidad de vida.
Entre las causas más frecuentes del infradiagnóstico se encuentran la normalización de síntomas como la tos persistente, la dificultad para respirar o el cansancio ante esfuerzos moderados, así como la falta de acceso ágil a pruebas diagnósticas como la espirometría en determinados niveles asistenciales.
Los pacientes sufren también la inequidad entre territorios a la hora de diagnosticar y tratar el asma. En España existen diferencias importantes entre comunidades autónomas e incluso entre áreas sanitarias, tanto a la hora de abordar los problemas de las personas con asma como en la prescripción de tratamientos, especialmente los más avanzados, como los biológicos.
El asma grave y sus consecuencias
Aunque el asma grave afecta a un porcentaje menor de pacientes, su impacto es desproporcionado tanto para la persona como para el sistema sanitario. Quienes presentan formas graves de la enfermedad suelen concentrar un mayor número de exacerbaciones, visitas a urgencias e ingresos hospitalarios.
En los últimos años, los tratamientos biológicos han supuesto un avance importante en el abordaje del asma grave, al permitir un tratamiento más personalizado y mejorar el control de la enfermedad en pacientes seleccionados. Aun así, el acceso a estas terapias no siempre es homogéneo, por lo que la equidad sigue siendo un aspecto a mejorar.
Una enfermedad controlable
El asma sigue siendo una causa relevante de morbilidad en todo el mundo, pero hoy es, en gran medida, una enfermedad controlable. El diagnóstico precoz, el tratamiento adecuado y la educación sanitaria son fundamentales para mejorar el control de la enfermedad y reducir su impacto en la vida diaria.
Por eso, hablar de asma no es solo hablar de síntomas respiratorios. Es hablar de bienestar, de autonomía y de calidad de vida. Con un abordaje correcto, la mayoría de las personas con asma puede llevar una vida plenamente normal. El problema aparece cuando la enfermedad no se reconoce a tiempo, no se trata adecuadamente o no se acompaña con la información necesaria.

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