Vacunas

¿Qué son las vacunas?

Las vacunas son sustancias biológicas que contienen microorganismos infecciosos (virus o bacterias) muertos, debilitados o partes muy pequeñas de ellos. Se administran normalmente mediante inyección y al entrar en el organismo estimulan el sistema inmunitario, que produce defensas (anticuerpos) contra ese agente infeccioso. Esos anticuerpos reconocerán el microorganismo cuando entre en contacto con nuestro cuerpo y actuarán contra él, protegiéndonos de la infección y la enfermedad producida por esta.

La vacunación constituye el medio más común y eficaz para inmunizar contra infecciones, ya que las combaten con una alta eficacia sin causar la enfermedad y son seguras. Al vacunar no solo se protege al individuo, sino también a la comunidad en la que vive, siendo una de las intervenciones sanitarias con más influencia en la población.

Desde el Siglo XVIII hasta la actualidad, la labor de investigadores y laboratorios en este ámbito ha supuesto un avance trascendental en la protección de los seres humanos contra enfermedades infecciosas frecuentes y en muchos casos graves, algunas de las cuales, como la viruela o la polio, han llegado a erradicarse o a controlarse ampliamente gracias a las vacunas.

Vacunas y pacientes respiratorios crónicos

La vacunación es especialmente importante en las personas que padecen enfermedades pulmonares, para reducir las posibilidades de que contraigan infecciones infecciones respiratorias que deterioren sus pulmones o pongan su vida en riesgo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, las vacunas evitan por prevención entre 2 y 3 millones de muertes al año en el mundo y se estima que mejorando la cobertura mundial de vacunas podrían evitarse otros 1,5 millones.

Vacuna contra la gripe

La gripe es una enfermedad infecciosa aguda de las vías respiratorias causada por el virus de la influenza. Se transmite de persona a persona a través de las pequeñas gotas expulsadas al toser, estornudar o hablar. Puede cursar con síntomas leves, pero también puede llegar a ser una enfermedad grave e incluso mortal, especialmente en colectivos vulnerables como los pacientes respiratorios crónicos. Sufrir una enfermedad pulmonar aumenta el riesgo de infección grave, complicaciones y hospitalización en caso de contraer la gripe.

Como muestra de su potencial gravedad, en la temporada 2017-2018, 800.000 personas contrajeron la gripe en España, donde causó 15.000 fallecimientos y 52.000 hospitalizaciones. La OMS estima que cada año mueren alrededor de 500.000 personas a consecuencia de la gripe en el mundo.

La gripe no es un resfriado fuerte, aunque algunas personas en ocasiones confundan ambas cosas. Los síntomas del resfriado suelen aparecer más lentamente y son en general menos graves. Tampoco es gripe lo que en ocasiones se denomina como “gripe estomacal, sino que se trata de una gastroenteritis.

SÍNTOMAS DE LA GRIPE
  • Fiebre
  • Escalofríos y sudoración
  • Tos
  • Dolor de garganta
  • Dolor muscular
  • Congestión nasal
  • Dolor de cabeza
  • Cansancio
  • En algunos casos, vómitos y diarrea

 

COMPLICACIONES DE LA GRIPE
  • Infección de oído
  • Sinusitis
  • Bronquitis
  • Neumonía
  • Brotes asmáticos
  • Miocarditis (inflamación del tejido muscular del corazón)
  • Encefalitis (inflamación del cerebro)
  • Miositis (inflamación del tejido muscular)

El 90 por ciento de las complicaciones de la gripe afectan al sistema respiratorio.

La vacunación contra la gripe permite prevenir la enfermedad con entre el 40 y el 60 por ciento de eficacia, así como disminuir la gravedad de la misma en caso de contraerla. Además, reduce las posibilidades de propagación al prevenir el contagio a personas del entorno. En pacientes con enfermedades respiratorias es especialmente aconsejable.

Existen muchas cepas diferentes de la gripe. La Organización Mundial de la Salud (OMS) evalúa cada año qué cepas tienen más posibilidades de desarrollarse en el invierno en función de las que circularon el año anterior. Basándose en ese estudio, recomienda las tres cepas contra las que se deberían diseñar las vacunas para la siguiente campaña.  La vacunación debe repetirse anualmente por esa variación de cepas y porque la inmunidad contra la gripe se debilita con el tiempo.

Los efectos adversos de la vacuna de la gripe son poco frecuentes y suelen ser leves. Pueden incluir reacciones locales en la zona de la punción, cefaleas, malestar y febrícula, que normalmente remiten en 1 o 2 días.

Nuestro médico nos aconsejará sobre la conveniencia de vacunarnos contra la gripe en función de nuestra historia clínica, cómo y cuándo hacerlo, y nos informará de sus beneficios y posibles efectos secundarios.

Vacuna antineumocócica

El neumococo (Streptococcus penumoniae) es una bacteria que puede producir infecciones graves como neumonía (infección en el pulmón) y, con menor frecuencia, meningitis, además de bactericemia (paso de la bacteria a la sangre). 

También puede causar infecciones no tan graves, como otitis y sinusitis. Se transmite de persona a persona por vía respiratoria, a través de las gotitas expulsadas con la tos, estornudos. La bacteria entra por la boca o la nariz y puede llegar a los pulmones, el oído, la sangre o las meninges.

La neumonía puede llegar a ser mortal en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas. En España provoca unas 10.000 muertes al año. En el mundo, más de 2,5 millones de personas mueren anualmente por esta enfermedad, un tercio de ellas niños, siendo responsable del 15% de los fallecimientos de menores de 5 años.

SÍNTOMAS DE LA NEUMONÍA

Suele presentarse de forma repentina y sus principales síntomas son:

  • Fiebre
  • Tos
  • Dificultad respiratoria
  • Fatiga
  • Escalofríos y temblores

Las enfermedades respiratorias crónicas constituyen un factor de riesgo que aumentan las posibilidades de desarrollar neumonía neumocócica, así como de exacerbaciones y crisis.

En pacientes respiratorios, las posibilidades de ingreso hospitalario por neumococo se multiplican por cinco. Por ello es de vital importancia la vacunación de estos pacientes.

TIPOS DE VACUNAS ANTINEUMOCÓCICAS

En la actualidad existen dos tipos de vacunas antineumocócicas disponibles:

  • VNP23 (Polisacárida de 23 serotipos). Es la que protege contra un mayor número de serotipos o tipos distintos de neumococos, pero presenta inconvenientes como disminución con el tiempo de los niveles de anticuerpos (por lo que precisa dosis de recuerdo cada 5 años) o limitada eficacia en los grupos de riesgo.
  • VNC13 (Vacuna conjugada de 13  serotipos). Incluye un menor número de serotipos, pero genera una respuesta inmunitaria más potente y duradera, de forma que únicamente es necesario vacunarse una vez en la vida. Es la recomendada para pacientes con ciertas enfermedades, entre ellos los que padecen patologías respiratorias crónicas.

Los efectos adversos de la vacuna antineumocócica suelen ser leves y pueden incluir  ligera reacción en el lugar de inyección, cefalea, dolor muscular, cansancio, escalofríos o febrícula durante unas horas o pocos días.

Nuestro médico nos informará sobre el neumococo, las enfermedades que puede causar, nuestros riesgos ante ellas, la conveniencia de vacunarnos y de cuándo y cómo hacerlo.
Evidencia científica frente al movimiento antivacunas

En las últimas décadas está cobrando cierta presencia a nivel mundial un movimiento de rechazo a la vacunación, los llamados “antivacunas”. Aunque el origen primigenio de este movimiento se remonta a finales del Siglo XIX, cuando la obligatoriedad de la vacuna contra la viruela generó una importante protesta social en Inglaterra, los “antivacunas” han resurgido en todo el mundo desde finales de los años 90 del pasado siglo y están registrando un auge creciente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido el rechazo a las vacunas entre las diez mayores amenazas para la salud pública, ya que abren la posibilidad de revertir todo el progreso logrado en la lucha contra muchas enfermedades. Como ejemplo de esa amenaza, cabe destacar el resurgimiento del sarampión en Europa, con el triple de casos en 2017 que en 2016. En la primera mitad de 2019, ya se había duplicado el número de de casos de sarampión en la Unión Europea con respecto al mismo periodo del año anterior. La OMS considera que gran parte de la culpa de esos datos hay que buscarla en el aumento de los contrarios a la inmunización.

Entre los motivos que mueven a los contrarios a la vacunación se incluyen los ideológicos o religiosos, pero la mayoría apoyan su postura en dudas o temores infundados basados en informaciones sin ningún respaldo científico, manipuladas o directamente falsas.

Así ocurrió en 1998, cuando un grupo de investigadores británicos difundió, a través de una prestigiosa revista científica, un supuesto estudio que relacionaba la vacuna triple vírica (contra el sarampión, las paperas y la rubeola) con la aparición de autismo, lo que llevó a que muchos ciudadanos no vacunaran a sus hijos y a un renacimiento del movimiento antivacunas. Años después se descubrió que el estudio había sido un fraude y sus conclusiones se habían basado en falsedades. La revista lo retiró y el Consejo Médico Británico prohibió al líder del grupo de investigadores ejercer la medicina en Gran Bretaña. Se desveló, además, que la supuesta investigación había sido financiada por el bufete de abogados que preparaba demandas colectivas contra el laboratorio fabricante de aquella vacuna.

Actualmente, a través de medios como internet y las redes sociales, los bulos se transmiten de forma masiva y a gran velocidad, con lo que aumentan los ciudadanos escépticos a los que esas falsedades logran convencer o hacerles albergar dudas. Sin embargo, la evidencia científica rebate claramente los argumentos carentes de credibilidad y respaldo que esgrimen los antivacunas, que hacen normalmente referencia a su seguridad, su eficacia o su necesidad:

  • NO, no es cierto que las vacunas no sean seguras.

Antes de aprobarse una vacuna es sometida a pruebas extraordinariamente rigurosas en todo el proceso de ensayos clínicos, que dura entre 12 y 15 años. El control se mantiene también regularmente después de su comercialización. La mayoría de sus efectos adversos son leves y de poca duración. La posibilidad de efectos graves es menor al 1 por ciento y hay aún menos evidencias de fallecimientos causados por vacunas. Es mucho más fácil padecer una afección grave por una enfermedad que puede prevenirse mediante vacunación que por una vacuna.

  • NO, la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola) no está relacionada con el autismo.

Esa creencia surgió en 1998 a raíz de un estudio que después se demostró fraudulento y totalmente falso tanto en sus planteamientos como en sus conclusiones.

  • NO, la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina (DTP, DPT o DTaP) no causa el síndrome de la muerte súbita del lactante.

Se trata de un mito surgido de aplicar una lógica errónea al hecho de que un porcentaje moderado de niños fallecidos por dicho síndrome habían recibido la DTP. Pero ello es debido a que la edad en que se administra la vacuna coincide con la edad en que más frecuentemente se produce la muerte súbita. Por lo tanto, es normal que muchos niños fallecidos por ese síndrome estuvieran vacunados, pero no se puede establecer una relación causa-efecto. De hecho, algunos estudios realizados en la década de los 80 indicaron que los niños vacunados con DTP tienen menos probabilidades de sufrir el síndrome de la muerte súbita.

  • NO, ni el tiomersal, ni el mercurio, ni el formaldehido ni el aluminio presentes en algunas vacunas son peligrosos.

No hay datos que demuestren que, en las cantidades usadas en las vacunas, supongan ningún riesgo para la salud.

  • NO, no es cierto que las vacunas sean antinaturales.

No introducen ningún cuerpo extraño en nuestro organismo, sino que, al contrario, lo que hacen es estimular las propias defensas de nuestro cuerpo.

  • NO, no es cierto que la inmunidad proporcionada por las infecciones naturales sea mejor que la de las vacunas.

La vacunación hace que el organismo genere anticuerpos contra el agente infeccioso de manera similar a las infecciones naturales, pero sin que la persona vacunada tenga que pasar la enfermedad ni someterse al riesgo de complicaciones. Inmunizarse contrayendo la infección de forma natural supone enfermar.

  • NO, no es cierto que las vacunas no sean efectivas.

Ninguna lo es al 100%, aunque algunas se acercan a ese porcentaje, pero se ha comprobado científicamente que, hoy por hoy, la vacunación es la medida más eficaz para detener las infecciones y su propagación. Las vacunas evitan entre 2 y 3 millones de muertes al año en el mundo. Gracias a ellas se erradicaron enfermedades como la viruela y se han reducido en un 99 por ciento las muertes por tétanos neonatal o la incidencia de la poliomelitis y en un 74 por ciento la mortalidad por sarampión, entre otros logros. Decir que no son efectivas porque muchos de quienes contraen una enfermedad (como la gripe) habían sido vacunados contra ella supone una manipulación de los datos. En una población mayoritariamente vacunada, y dado que la eficacia de las vacunas no alcanza el 100%, es lógico que en un brote una parte de los afectados fueran personas vacunadas. Pero sin vacunas, el número de enfermos –y la propagación de la enfermedad- sería mucho mayor.

  • NO, no es cierto que en un entorno con buena higiene, saneamiento y agua salubre no sea necesaria la vacunación.

Aunque las mejoras en esos aspectos ayudan a protegernos, esas buenas condiciones son insuficientes para evitar las enfermedades infecciosas. Las enfermedades que se han logrado controlar e incluso erradicar gracias a las vacunas, como el sarampión, la poliomelitis o la tosferina, volverán sin vacunación. Hay ejemplos claros:

    • En Gran Bretaña, una caída de la vacunación contra la tosferina en 1974 provocó una epidemia de más de 100.000 casos y 36 muertes en 1978.
    • En Japón, una disminución del 70 al 20-40 por ciento en la vacunación derivó en un drástico aumento de los casos, pasando de 393 casos de tosferina y ninguna muerte en 1974 a 000 casos y 41 muertes en 1979.
    • En Suecia, por la misma razón, la tasa de tosferina por cada 100.000 niños de 0 a 6 años pasó de 700 casos en 1981 a 3.200 en 1985.
    • En la ex Unión Soviética, el bajo índice de inmunización primaria contra la difteria en niños y la baja vacunación de refuerzo en adultos llevó a pasar de 839 casos en 1989 a casi 50.000 casos y 1.700 muertes en 1994.
  • NO, no es cierto que sea innecesario vacunar a nuestros hijos contra enfermedades que ya no se ven en nuestro país.

Esas enfermedades siguen existiendo y pueden ser frecuentes, incluso epidémicas, en otros lugares del mundo y ser introducidas involuntaria e inconscientemente por viajeros. Si la población no está protegida, existe el riesgo de que se propaguen rápidamente. La vacunación es importante tanto para proteger al individuo como para proteger a las personas de su entorno y a la población en general.

  • NO, la administración a un niño de varias vacunas simultáneamente no produce ningún efecto negativo sobre su sistema inmunitario.

Se han realizado varios estudios al respecto que demuestran que la combinación de vacunas no supone un mayor riesgo de efectos adversos.

  • NO, la generalización de la vacunación no es un invento de las empresas farmacéuticas para ganar dinero.

Los beneficios que suponen las vacunas en la protección de la población frente a las enfermedades infecciosas están más que demostrados con datos y supera ampliamente a los que puedan obtener los laboratorios. Por otra parte, podría pensarse que probablemente las farmacéuticas obtendrían mayores beneficios económicos si la mayor parte de la población enfermara por no estar inmunizada, a través de la fabricación y comercialización masiva de medicamentos para combatir esas enfermedades.

  • Y SÍ, sí es una buena decisión vacunarse contra la gripe.

Especialmente en el caso de ciertos colectivos como las personas con enfermedades respiratorias crónicas, así como embarazadas, niños y personas mayores, ya que para ellos el riesgo de que la enfermedad llegue a ser grave e incluso mortal es mayor. La gripe causa alrededor de 500.000 fallecimientos al año en el mundo.

 

El presunto ejercicio de libertad individual al que se acogen los antivacunas para no vacunarse ellos o no permitirlo en sus hijos pone en peligro la salud del resto de la población, con lo que choca frontalmente con el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de una parte fundamental de su bienestar.
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